Días Llevaderos

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Días Llevaderos

Mensaje  Scarecrow Of Mars el Miér Jun 27, 2012 9:19 pm

Tutulo: Días llevaderos.
Autor: Yllaly Barba (Scarecrow Of Mars)
Clasificación: G
Genero: Romance-Drama
Advertencias: Creo que ninguna.
Parejas: Gerard Way y Frank Iero.
Notas de autor:
Hola aquí otra vez yo. Este es mi segundo Frerard, no sean duras :s no soy tan buena pero pues me gusta hacer esto. En fin, si les gusta me comentan y así :3 También me gustan los comentarios criticos u know que me digan que me falto etc.
Bueno, espero les guste.


Dos días, dos días llevaba el joven Gerard viviendo en la calle, se encontraba solo, sucio y caminando sin un fin con su fiel valija de mano, en la cual tenía lo único que le quedo de todo eso que perdió.

Hace tres días el joven Gerard llego a la cuidad del pecado, las vegas. Y jugo la partida que cambiaría su vida por completo.
Pasa su desgracia ese día no estaba de suerte, pues en apuestas perdió lo poco que le quedaba de su gran fortuna.

El día siguiente entrego todo y con sus pocas pertenencias que no perdió, partió de su casa que ahora está en manos del hombre que lo venció en las cartas, Jared Leto.

Llevaba dos días ya, caminando sin rumbo, tenía hambre pero se dijo que no gastaría el dinero a menos que fuera realmente importante y sentía que su hambre podría soportarla unas cuantas comidas más.

Hera ya medio día, el sol estaba brillando como en ninguna otra hora del día, el calor que brindaba el astro rey a esas horas era casi insoportable.

El joven Gerard se sentía desfallecer, estaba enfermo y eso seguramente se debía porque la noche anterior callo una fuerte tormenta y no tenía donde refugiarse de la lluvia, así que tuvo que dormir siendo empapado por ella. Amaneció enfermo, ha eso se le suma que el sol estaba siendo realmente cruel y el joven llevaba ya dos días son comer.
El cuerpo del pelinegro no fue tan fuerte y en menos de nada calló de bruces al asfalto caliente.

Otro joven que iba caminando en dirección contraria a la de Gerard, vio cuando este caía desmayado al suelo. El joven de nombre Frank, corrió preocupado a ayudar al chico; se acerco a él y como pudo lo levanto un poco del piso, el chico era más alto y pesado así que casi arastas lo llevo a su departamento, que por fortuna quedaba a unos cuantos locales de comida.

Cuando el joven Gerard despertó, inmediatamente se dio cuenta que no se encontraba en la calle, si no, en una habitación desconocida en una cama bastante confortable.

La habitación era amplia y muy bonita, a lado de la cama dónde él se encontraba estaba una puerta, al otro lado se encontraba una ventana cubierta por cortinas negras y enfrente logro distinguir un pequeño cuadro donde alcanzaba a distinguir una fotografía de una noche en la playa a blanco y negro.

Extrañamente se sentía muy tranquilo al sentir el color blanco impecable de las paredes de dicha habitación donde se encontraba. Después de verla detalladamente un rato, el joven Gerard comenzó a inquietarse por que él no recordaba cómo fue que había llegado ahí.

Decidido pero a la vez con miedo, bajo de la cama y salió por la puerta en busca de su secuestrador.


El joven Frank se encontraba preparando el desayuno para el y su invitado. El joven menudo estaba agradecido con Dios por haberlo puesto en el camino del otro joven de piel pálida y cabellos negros, pues en esta ciudad a nadie le hubiera interesado y nadie hubiera sabido que había sido de él.

Cuando estaba sirviendo en los platos la comida, escuchó cómo se abría y se cerraba la puerta de su habitación, para después sentir una fuerte mirada sobre el.
Levanto la vista para encarar al pelinegro y se encontró con unos hermosos ojos color verde esmeralda mirándolo con mucha intriga.

-Buenos días, ven siéntate a desayunar.- Le invito tranquilo el castaño.

El apuesto joven de ojos verdes hizo caso a el guapo joven de pelo castaño y se sentó en la barra de la cocina, frente a él.

- Ayer cuando venía de hacer unas cosas vi como te desmayabas y quise ayudarte.- Le explico brevemente la joven, le sonrió ampliamente entrecerrando los ojos.-Vamos desayuna, debes tener hambre.

El joven Gerard se sintió anonado ante la hermosa sonrisa que le había regalado ahora su salvador.

-Por cierto, mi nombre es Frank, Rachel Iero.- Se presento al pelinegro.

-Gerard Way.-Hablo por fin este.

-¿Gerard Way? -Pregunto sorprendida.- Hace unos leí tu nombre en el periódico, perdiste todo en apuestas.- Termino de decir algo desanimado.

-Así es, casi pierdo hasta mi nombre.- El Joven Way trato de reír, pero era obvio que no podía, no le causaba gracia su desgracia.

-En serio lo lamento mucho, pero si quieres puedes quedarte aquí hasta que veas que es lo que haces.- Dijo amablemente, sonriendo de nueva cuenta.

Gerard sintió algo en su estomago causado por la sonrisa de el hermoso Frank, su mirada, sus ojos color avellana. Era como si una mariposa, o mejor dicho, muchas mariposas aletearan veloz mente en su vientre, causándole un cosquilleo imparable.

-Gracias en serio Frank, pero hoy mismo me voy, gracias por todo.-Dijo el joven y noto como Frank se había desanimado.

-Bueno, cualquier cosa que necesites no dudes en buscarme.

Terminaron su desayuno en silencio, intercambiando intensas miradas impredecibles, pero que hacían que comenzaran a sentir cosas uno por el otro.

Cuando llevaron los trastes al lava bajillas tuvieron un pequeño rose de pieles, tocaron sus manos axidentalmente.
Una especia de corriente eléctrica les recorrió todo el cuerpo, se miraron y notaron el sonrojo intenso en sus mejillas.

Gerard noto como el oji-avellana miraba sus labios y luego subía a sus ojos y los miraba muy profundamente. Él joven de ojos verdes y cabello negro tomo el rostro de el más pequeño y poso sus labios sobre los de el.

Él no esperaba que le respondiera, pero así fue. Sus labios se besaban acompasadamente, parecía que estaban hechos para eso, eran dos piezas que encajaban a la perfección.

Cuando ambos se dieron cuenta de lo que hacían se separaron rápidamente con sus respiraciones agitadas y sentían que algo en su interior había estallado, haciendo que se liberara un cosquilleo imparable en sus vientres.

-Frank, yo lo siento. Me tengo que ir, gracias por todo.-Dijo Gerard mientras comenzaba a caminar a la salida.

Frank fue rápido y tomo a Gerard del brazo haciendo que este se volteara y lo encarara
-Gerard, quédate por favor.-Pidió y después beso sus labios de nueva cuenta.

-Lo lamento Frank, gracias. -Y salió de la casa.

El joven Frank se tiro agotado al sofá pensando en lo que el pelinegro le hacía sentir.
era confuso, pues tan sólo con ver sus ojos, sentía que ya se había enamorado de él.


Gerard caminaba rápidamente, alejándose de la casa de Iero, su mente estaba hecha bolas, no se explicaba por que cuando miro los ojos avellana del joven sintió un cosquilleo en su vientre, no se explicaba por que cuando beso sus labios volvió a llenarlo esa tranquilidad, esa paz, esa felicidad que había perdido cuando su abuela murió.
No se explicaba que lo llevo a besarlo y trataba de sacar de su cabeza el querer regresar a su lado.

Continúo caminando hasta que el sol se escondía y lo único que iluminaba las calles era la luz de la luna y las lámparas.

De entre la nada el pelinegro escucho un escándalo y vio como dos jóvenes, seguramente más chicos que él, corrían deprisa. Cuando alcanzaron a Way le aventaron una mochila y salieron corriendo desapareciendo entre las sombras. Tomó la mochila cuando iba a revisar su contenido lo acorralaron dos patrullas de policías, le arrebataron la mochila y al ver que su contenido era la cocaína que buscaban, arrestaron a Gerard sin dejar que este les digiera una sola palabra.


El joven Gerard sentía que quería morir, no pensó que algo peor en su vida podía pasar.
Iban en la patrulla sin vista a la calle, se sintió solo y asustado.

De repente sintió algo extraño, como sí el tiempo se hubiera detenido y estuviera en medio de la nada. Lo encandilo una luz segadora, cuando esta se desvaneció en su lugar ahora estaba un hombre alto, de ojos azules, cabello y barba rubia, este vestía completamente de blanco.

-¿Quien.. Quien eres tú? -Le pregunto realmente desconcertado.

-Mi nombre es Robert y soy el ángel que viene por las almas de las personas para llevarlas a mi mundo.

-A hora buena, ¿Vienes por mi? -Pregunto algo entusiasmado.

-No.- dijo en seco.- Vengo a disculparme contigo, pues la muerte de tu abuela fue un error mío, ella aún no tenía que morir, me la lleve y te deje solo, eso me hace sentir mal pues desde ahí han pasado tus desgracias y eso me hace sentir responsable y para liberar mi culpa vengo a traerte un deseo, haré lo que me pidas, puedo devolverte tu fortuna si eso quieres, sólo con la promesa de que ya no apostaras. Por cierto, te mandan saludos los cuatro.

Gerard sabía que esos cuatro eran sus padres, su hermano y su amada abuela.
Pensó con detenimiento todo, pero su corazón le decía que lo que más quería era volver con Frank.

-Quiero que me saques de aquí, quiero volver a trabajar y ganar mi propio dinero.- Comenzó a llorar.- quiero estar con Frank.


El joven Gerard llego a casa después de un largo día de trabajo en la editorial.
Dejo su saco sobre el sofá y busco con la mirada a su amado, este se encontraba en la cocina sacando un paquete de galletas.
Gerard llego a su lado, lo jalo del brazo sin ser brusco para que quedara frende a el y deposito un beso en su mejilla.

-Llegaste.- Le dijo el más joven.

-Si mi amor, te amo.

-Y yo a ti Gerard.
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